Una crisis de identidad, junto a una creciente ola de desinformación y negacionismo, sumado al evidente fracaso del sistema capitalista, parece crear el caldo de cultivo perfecto para que el fascismo retorne al mundo como una máquina perpetuadora de odios, ahora bajo el velo libertario y anti-estatista que quiere venderse como una corriente defensora de la libertad y la democracia
Algo sin precedentes en Colombia ha estado aconteciendo estos días: una
batalla entre colectivos culturales que buscan resaltar los crímenes de estado
perpetrados en la legendaria Comuna 13 de Medellín y la alcaldía de esa ciudad,
a la que se les ha unido algunos influencer
anti-izquierda. La misma consiste en realizar murales en referencia a las
llamadas “cuchas”, que son como se les llama a las madres de jóvenes que fueron
asesinados o desaparecidos en la tristemente célebre operación Orión en el año
2002 y la subsecuente censura de los mismos por parte de personas consideradas
anti-izquierda.
Si bien pareciera esto no tener la mayor relevancia, hay que resaltar que
dentro de esta misma se gesta una batalla ideológica en la que dos grupos se
ven enfrentados ante la narrativa que deja la violenta historia de nuestro
país. Por un lado, tenemos a dos sectores que componen los extremos opuestos
dentro del espectro político y por otro, una lucha donde busca imponerse la
verdad interpretada por cada uno de ellos, verdades que tienden a radicalizarse
precisamente por pertenecer a las laderas políticas, casi abismales que rodean
el espectro ideológico, bastante golpeado de nuestro país.
En el lado de izquierda,
están las personas que buscan preservar la memoria de los crímenes de estado
cometidos con ayuda de grupos ilegales durante los años 90 y comienzos del 2000
y en su lado opuesto, las personas que consideran esto una narrativa tendenciosa,
propiciada por la izquierda para mantenerse en el poder, situación que los ha
llevado a una batalla “cultural”, en la que estos últimos están empeñados en
tapar los murales creados por artistas de colectivos en favor de la memoria de
las mujeres paisas, que perdieron a sus hijos durante operativos militares en
la Comuna 13.
Pero, ¿Qué hay realmente detrás de este conflicto? ¿Obedece realmente a un
interés genuino por conocer la verdad o simplemente se rebaja a una lucha
ideológica donde solo se ven enfrentadas las narrativas de cada extremo? Esto
lo trataremos de responder en las siguientes líneas de este ensayo.
CONSPIRACIÓN JUDEO-MASÓNICA,
GUERRA FRÍA Y AGENDA 2030
Para adentrarnos en la comprensión de esta batalla que puede considerarse
hoy, un referente de lo que se avecina en el mundo, debemos remontarnos hacia los
siglos X y XI y la persecución del pueblo judío, al que se les acusaba de una
cantidad de cosas absurdas e insustentables, fruto de los prejuicios y oscuros
intereses que buscaban mantenerlos reducidos, tal como pasa hoy en día en muchos
gobiernos con ciertas etnias y como paradójicamente sucede con la persecución
del gobierno sionista de Israel hacia el pueblo palestino, o la China comunista
y la detención masiva de los uigures en Asia central etc.
A raíz del nacimiento del sentimiento antisemita en varios países de Europa
y Asia, y con la llegada de Karl Marx (cuyo origen era judío) y otros autores
afines a su pensamiento, los grupos de derecha nacionalista no vieron con
buenos ojos las ideas propuestas por estos intelectuales que no solo
constituyeron una crítica hacia el capitalismo explotador de aquellos años,
sino que en principio propusieron el bienestar de la clase trabajadora y la
humanidad en general, bajo una época dónde los derechos civiles eran
prácticamente nulos.
Como era de esperarse, estas ideas no fueron bien tomadas por la clase
burguesa que había emergido tras la revolución en Francia, además porque muchos
de los acaudalados hombres de negocios en ese entonces eran de origen judío (como
los ya legendarios Rothschild), lo que podría haberse constituido una
competencia entre poderes financieros. A esto se suma una iglesia católica que
no solo se dedicó a perseguir al pueblo judío durante décadas, sino que, al ser
contrarios a su dogma, constituían una verdadera amenaza para su influencia.
Todos estos causales confluirían no solo en una encarnizada campaña anti-judía,
dando origen a la teoría judeo-masónica y posteriormente, teoría
judeo-masónica-comunista internacional, sino a uno de los eventos más
deleznables de la historia humana, el Shoá
o exterminio del pueblo judío por los nazis alemanes.
La teoría de conspiración llamada Judeo-masónica-comunista, bajo argumentos
bastante cuestionables, se encarga de promover por aquellos días, la idea de
que existe un contubernio entre la masonería y la elite judía para establecer
un orden mundial bajo una dictadura global, en donde el comunismo sería el
sistema económico dominante, en el cual, estas personas provistas de un gran
poder económico y político, serían quienes tomaran las riendas de la humanidad,
impidiendo entre otras cosas, los derechos civiles, la soberanía y el ejercicio
del libre mercado.
Aquí debo hacer un paréntesis, porque en algún momento de mi vida, yo
llegue a creer incluso a simpatizar en parte con estas teorías.
Afortunadamente, solo tuve que leer e informarme mejor y usar un poco el
sentido común para entender que la idea de un nuevo orden mundial o una
dictadura global como teorizan los seguidores y creyentes de esta absurda
hipótesis, no es más que un delirio por más ridículo, ya que sería prácticamente
imposible implantar dicho gobierno mundial. Para entenderlo solo hay que ver el
intento casi fallido que dio lugar a la creación del organismo internacional
conocido como Naciones Unidas, en más de 50 años ha demostrado en un grado
mayor, la inoperancia respecto a muchas de sus decisiones políticas,
especialmente por el ejercicio de la figura conocida como derecho al veto, el
cual le da una gran facultad a las superpotencias para aceptar o rechazar las
mismas.
No obstante, hay que reconocer que entidades como el FMI y el Banco
Mundial, han logrado establecer un orden internacional económico, cuyas
políticas irrestrictas someten a las naciones del sur global, es decir las más
pobres bajo sus cuestionables y en muchos casos “hipócritas” directrices.
La Guerra Fría, también conocida como “La cortina de Hierro”, un periodo de
turbulencias políticas acaecido entre 1945 y 1991, vendría a consolidar lo que
hasta hoy ha sido un conflicto entre las dos líneas del radicalismo político
puro, y que a su vez produciría múltiples eventos catastróficos, sentando hasta
nuestros días una división, que como seres humanos civilizados no deberíamos
tener.
Con el triunfo de la revolución bolchevique en octubre de 1917, nació un
grupo contrarrevolucionario y nacionalista, que se opuso al establecimiento del
comunismo en Rusia (conocido como Movimiento Blanco), apoyado por occidente.
Más tarde, los fascistas europeos encabezados por Alemania y Japón firmaron el
tratado Antikominter, que buscaba
frenar, el avance del socialismo en Europa y Asia. En China también surgió un
grupo nacionalista que se oponía de la misma manera a las ideas marxistas, el Kuomintang. Si el comunismo triunfó en
algunas regiones del mundo, esto se debió en principio al gran descontento
popular, producto de la mala situación económica de naciones, cuyas mayores
responsables fueron imperios ya extintos o gobiernos conservadores, siempre
contrarios a la creación de un estado de bienestar social y el establecimiento
de los derechos civiles. En el caso de Colombia, las guerrillas marxistas
nacerían producto de la sangrienta persecución que hizo el estado conservador a
todos aquellos que profesaran ideas liberales. El marxismo cambió todo porque propuso una revolución popular que caló
profundamente en las poblaciones más vulnerables y así, con la ayuda de
potencias extranjeras se conformaron las primeras agrupaciones revolucionarias
marxistas, algunas de las cuales aún persisten.
Así creció el temor de la burguesía nacional e internacional por la
expansión del comunismo a través de la revolución rusa y china, que, bajo las
ideas de Marx, absolutamente contrarias a los intereses del capitalismo,
amenazarían con la paz, la libertad y el “equilibrio” económico que ofrece el sistema
de libre mercado. Para contrarrestar el avance del comunismo en el mundo, el
gobierno de Estados Unidos intervino en la guerra Indochina y luchó en contra
de Vietnam del norte, además de crear varias estrategias para contrarrestar la
revolución socialista en países latinoamericanos. Uno de estos planes sería la
nefasta Operación Cóndor, que buscó a través de una fuerte propaganda y
persecución en contra de pensadores, artistas y líderes de izquierda,
incluyendo el asesinato o desaparición de los mismos, valiéndose claro está de
dictaduras militares como las del general Pinochet en Chile y Videla en
Argentina. Además de cursar una guerra silenciosa con tintes propagandistas y
militarmente estratégicos (Con la disuasión a través de arsenales nucleares)
Estados Unidos compitió por años con Rusia, estableciendo un histórico bloqueo
a la isla de Cuba tras el triunfo de la revolución del Che Guevara y Fidel
Castro en ese país, bloqueo que más tarde se traduciría en sanciones que hasta
el día de hoy, son aplicadas con la ayuda de sus países aliados.
Los años 70 y 80’s fueron especialmente oscuros para todos aquellos que
profesaran el socialismo en los países latinoamericanos, muchos de estos influenciados
por el fascismo europeo, iniciaron una persecución sistemática en contra de
estos pensadores y movimientos generalmente estudiantiles que clamaban por
mayor justicia social. Tenemos entonces el golpe de Estado contra Salvador
Allende, la persecución política de estudiantes y activistas en Argentina,
Chile y Colombia, que involucró el asesinato y desaparición de los mismos.
En principio, la burguesía internacional no teme al comunismo como tal, puesto
que de establecerse el mismo a través de una transición equivocada en países
como Rusia, Cuba, Polonia, Alemania etc. (Esto en base a los pensadores del
marxismo que consideran a estas naciones como pre-comunistas) ellos habrían
podido de alguna forma tomar las riendas del estado. El verdadero temor era
hacia la concepción misma de las ideas marxistas, que en principio buscaban la
razón a través del uso de la ciencia y la dialéctica del arte y el humanismo. El miedo de la oligarquía internacional era
y sigue siendo, el que el marxismo u otras corrientes afines, permitieran una
población pensante y rigurosa, la demanda por sus derechos civiles y una lucha
contra la desigualdad, la injusticia y los abusos de poder, cosa que para el
sistema capitalista neoliberal nunca ha sido bueno, pese a que en sus discursos
siempre aseguran defender la libertad y la justicia.
En conclusión, el modelo neoliberal siempre ha pretendido mantener su esquema
de expolio del capital de trabajo (Conocido como plusvalía), es decir, pagar
menos a los trabajadores para incrementar sus utilidades, nade lejos de lo que concebíamos
antes como esclavitud, por mucho que los libertarios aseguren que este es un
modelo “pactado y libre”, donde empresario y trabajador acuerdan para dar un
pago a cambio de su trabajo, (aunque hoy en día este pago debería también otorgarse
en forma de tiempo)
Como lo dije antes, el verdadero temor de los oligarcas dueños de los más
grandes emporios financieros y comerciales, consiste en tener a “ciudadanos
despiertos”, todo lo contrario, a un ciudadano distraído, desinformado o
incluso a aquel que le han “implantado” una serie de verdades injustificadas a
través de teorías conspirativas. De hecho, gracias a las luchas sociales que
persisten en el mundo, es que hoy podemos concebir un mundo con verdaderas
libertades y derechos (cimientos de nuestra civilización occidental), en donde
gracias al desarrollo tecnológico, (producto de las necesidades e ingenio
humano y no del capitalismo como estas personas quieren hacerlo ver), la guerra
sucia contra el socialismo persiste, bajo nuevas dinámicas y discursos que casi
siempre distorsionan la realidad. Es por
eso que también hay una iniciativa por negar eventos históricos
trascendentales, de hecho en Colombia la materia de historia desapareció de las
aulas a comienzos del nuevo milenio y hoy en día, los movimientos sociales
buscan mantener viva la memoria de un país que sigue luchando contra la
violencia, cosa que los conservadores y sus cristobitas, los libertarios,
abrogan como un adoctrinamiento por parte del socialismo solapado que pretende “tomarse
América” e imponer el comunismo en el continente.
Durante la década de los noventa, nuevamente surge una teoría de
conspiración en la que se involucra a teóricos marxistas (Más exactamente de la
Escuela de Frankfort, a quienes se consideraban en su mayoría, personas de la
comunidad judía) bajo una supuesta campaña en contra del conservadurismo y los
valores cristianos, llamándola convenientemente “Marxismo Cultural”, y si bien,
se creía debilitada dicha teoría, esta volvió a tomar fuerza en el 2010, y
ahora bajo un nuevo término creado por las elites conservadoras para
desprestigiar los diversos movimientos sociales y las protestas, el wokismo, un
nuevo y mordaz intento por acabar con la izquierda en occidente, utilizando el
poder de rápida difusión de las redes sociales y escudados bajo el principio de
libertad de expresión. En principio, la
guerra contra el wokismo consiste en ejecutar una campaña sucia valiéndose de
la propaganda negra y otras estrategias como la desinformación para negar
causas ajenas a los intereses de estas elites ultraconservadoras, como la
crisis medioambiental, los derechos laborales, el mal llamado indigenismo, el
reconocimiento de la diversidad de género y racial etc.
En los últimos días a la fecha de escrito este ensayo, ha causado un gran
revuelo las políticas abruptamente proteccionistas que ha planteado en su nuevo
mandato el empresario Donald Trump, políticas que muchos han catalogado como
fascistas, al emprender prácticamente una directriz persecutoria hacia los
inmigrantes en Estados Unidos, en dónde se ha visto toda clase de abusos
sistemáticos a los derechos humanos (Tal como lo hizo el presidente del
Salvador Nayib Bukele con su política de cero tolerancia al crimen). Hay que
recordar que Donald Trump es un político perteneciente a la corriente del
paleoconservadurismo, cuya ideología según se dice es exclusiva de la
angloesfera, y además aboga por mantener los valores cristianos protestantes
junto el regionalismo, con tintes patrióticos que rayan dentro del nacionalismo.
Donald Trump es a su vez, el principal personaje de una teoría conspirativa de
la ultraderecha estadounidense, que lo ve casi como un mesías y cuyos
seguidores protagonizaron el asalto a la Casa Blanca en enero de 2021. Muchas
de las personas que organizaron este ataque, contaban con miembros del
movimiento Qanon, cuya teoría es básicamente una regresión hacia los argumentos
que ocasionaron la persecución y el odio hacia los judíos a comienzos del siglo
pasado, asegurando que estos, junto a políticos demócratas o progresistas (Como
Barack Obama y Hillary Clinton) estarían detrás de una red internacional de
abuso a menores.
El problema en sí ha sido que Trump está tratando de ser el referente de
esa guerra inventada por los enemigos de la izquierda, al igual que sus
homólogos Nayib Bukele, en su tiempo Bolsonaro, el presidente argentino Javier
Milei, en contra de un progresismo (Según ellos) alienante, antidemocrático y
polarizador, contrario a todos los valores éticos humanos y que busca implantar
un régimen global donde desaparecería eventualmente, los dos principios que
determinan la “libertad del mercado”: el emprendimiento y el derecho la
propiedad privada.
Según los creyentes ultraderechistas de estas teorías, la agenda 2030,
creada por la ONU e impulsada por el Foro Económico Mundial (WEF), por medio de
diversas políticas se buscaría llegar a la creación de un estado global único,
regido por iniciativas de corte comunista, con el fin de alcanzar la dominación
del ser humano, y aunque esto suene ridículo
(Por que incluso revisando la iniciativa esencial de la agenda, se
contradice ampliamente) es algo que millones de personas en el mundo siguen
creyendo..
REVISAR, NEGAR, DESINFORMAR
Uno de los más grandes debates que se han dado los últimos años es el
manejo responsable de las redes sociales, especialmente en materia de
información, ya que esta gracias al fenómeno de rápida propagación y gran alcance
que ofrecen dichas redes, la tarea de informar se ha desbocado, porque en
principio, es prácticamente imposible moderar el gran flujo de datos que se
vierten en millones de publicaciones a diario, y sumado a esto prevalece el
derecho a la libertad de expresión, que desde luego muchos usan como bastión
para justificar un sinfín de conductas inapropiadas a la hora de compartir
datos y opiniones.
Dentro del accionar de los
nacionalistas de ultraderecha, (un fenómeno tan radical y peligroso incluso más
que el radicalismo dentro de la izquierda), a mediados del siglo pasado
surgieron nuevamente, varias teorías que buscaban realizar una revisión al
holocausto en la segunda guerra mundial. Surgieron cuestionamientos como, si
realmente habían perecido 6 millones de judíos a manos del régimen nazi, y teorías
que aseguraban que Hitler no pretendía en principio el exterminio de esto
pueblo, sino su destierro. También hay hipótesis que afirman que la segunda
guerra mundial y la persecución al pueblo askenazi, se hizo con el objeto de
crear el estado de Israel, incluso que fueron los mismos judíos desde Wall Street
quienes financiaron tanto el ascenso de la revolución bolchevique en Rusia,
como el movimiento nacionalsocialista en Alemania. Todas estas teorías han obedecido a tres
principios fundamentales que hoy en día, hacen parte de la construcción de
narrativas radicalistas: el revisar, negar y desinformar. Si bien la contrastación y la corroboración de la información son
parte fundamental de todo proceso investigativo, el revisionismo histórico,
dentro de su connotación negativa, busca forzadamente recopilar datos y emitir
conclusiones deliberadamente bajo un propósito carente de objetividad. El
revisionismo histórico es esencial para enriquecer la construcción de la
historia, pero también para revindicar eventos y personalidades cruciales en la
humanidad, no obstante cuando este llega al negacionismo, es decir, usar dicha
revisión con una clara intención de generar narrativas en contra de personas o
grupos, el revisionismo pierde su razón justa de ser dentro de la historia y se
convierte en un arma más del poder, y es bajo este, aupado por el inmenso potencial
mediático de las redes sociales, es que logra transformarse en una herramienta
para desinformar, lo que conlleva a la propaganda negra, es decir, a toda
campaña que busca difamar e infringir daño, ya sea a una persona o un colectivo.
Como el negacionismo ya está normalizándose dentro de las batallas ideológicas,
entre las diversas facciones que componen el espectro, el horizonte del debate político
se torna cada vez más oscuro y divisorio, llevándonos a una polarización de la
cual aún ignoramos si sus efectos tendrán un perjuicio duradero. El revisionismo está también sometido a un
reduccionismo, a veces infame, como por ejemplo el que hace la senadora
colombiana María Fernanda Cabal al afirmar que en la masacre de las bananeras,
hecho históricamente documentado, no hubo la cifra de 3000 muertos, lo que no
solo banaliza la importancia y profundidad de este lamentable episodio de la
historia colombiana, sino que reafirma bajo una convicción de que el objeto de
la izquierda ha sido siempre, el desinformar para justificar las causas
sociales.
Las batallas en el siglo pasado se daban entre luchas casi siempre con
cuotas de sangre, entre los sectores liberales y conservadores. Hoy en día
tenemos a dos sectores, muchas veces ubicados en los extremos, bajo una
confrontación de ideas en las que es malinterpretado el discurso social,
reduciéndolo hacia el “fracaso” que ha tenido en el mundo, el comunismo autoritario.
Si bien es muy difícil desligar a las personas que se encuentran en la
izquierda a los eventos que marcaron negativamente el triunfo de regímenes
socialistas que finalmente cayeron en el pasado y como no, a las luchas
sangrientas e infames que dieron muchos de sus brazos armados rebeldes en
varios países del mundo, la mayoría de quienes nos encontramos en este lado del
espectro político, no comulgamos al pie de la letra con la teoría marxista,
aunque si reconocemos su importante valor histórico y filosófico, además de que
consideramos el ejercicio de la protesta social como inalienable y
esencialmente democrático, mientras que los libertarios, principales
contradictores de las reformas sociales y “defensores” del libre mercado y la
propiedad privada, aplican un concepto mezcla de liberalismo y conservadurismo,
que en principio buscan con demostraciones a veces engañosas o sofisticadas
desacreditar a la izquierda, es decir, pasarían de usar la violencia física y
el terror a abusar del engaño y la incertidumbre. Antes (aunque no del todo) silenciar
significaba torturar, desparecer, asesinar, hoy en día esto se ha sublimado al
desacreditar, desinformar, desterrar. Antes, contrario a lo que muchos pensaban
que “todo tiempo pasado fue mejor”, si se quería sacar a un contradictor de la
vista, se recurría a la desaparición forzada o intimidación (Aún se sigue
haciendo desde luego). Hoy en día solo hay que mirar hacia qué ideología apunta
para aislarlo. Debo aclarar que esto se presentó tanto en los regímenes de
izquierda como derecha, teniendo como principal forma de gobierno al
autoritarismo, que es indistinto a las ideologías que están en los dos extremos
del espectro.
EL COLAPSO CULTURAL DEL
CAPITALISMO Y EL COMIENZO DE UNA NUEVA GUERRA FRÍA
Sin duda alguna hoy parece despertarse una nueva batalla global que
procederá con la caída de la mayor economía del mundo y su principal factor de
enriquecimiento: La divisa estándar del dólar. El bloque BRICS que propone un
comercio multipolar y de divisas descentralizadas, parece tomar cada vez más
poder. Algunos de los países que podrían anexarse a este importante grupo comercial
obedecerían a su propia ideología o simplemente estarían previendo el posible
colapso de la economía de Estados Unidos, país que al final tendrá que aceptar la
necesidad de un nuevo orden para el comercio global, un “reseteo” - como se
venía promoviendo desde hace más de una década-, cuyo objeto principal sería
acabar con la enorme brecha económica que hay entre el norte y el sur global.
Desde luego que Estados Unidos no aceptará esta derrota, sin antes dar la
batalla, y entonces lo que hará es fortalecer a sus estados aliados, afines
principalmente a sus políticas supremacistas, a la vez que debilita,
básicamente mediante chantajes y amenazas, a aquellos que busquen conformar el
bloque chino-ruso, pero, sobre todo, utilizará la vasta matriz mediática que ofrecen
las redes sociales para colocar a la opinión pública a su favor.
Una de las características más sobresalientes de las redes sociales es la arrogancia
y prepotencia que se ha normalizado en torno a ella, y esto solo le viene bien
al sistema que por décadas ha gobernado al mundo, el neoliberalismo. El
carácter altivo y descollante de muchos influencers
y generadores de contenido han constituido toda una revolución en las redes, con
el hecho de que estas personas logran enormes cantidades de seguidores y como
tal, un consumo desmesurado de sus contenidos, teniendo como muchos de estos, la
exhibición no solo de sus estilos de vida llenos de opulencia, inalcanzables
para la mayoría de personas quienes los siguen, sino difundiendo ideas o
conceptos a favor del individualismo y en contra de toda forma de pensamiento social.
Esta arrogancia, asociada con la vida de las personalidades más ricas y
poderosas del mundo, parece no solo haber tocado el corazón de muchas personas,
especialmente los jóvenes en el mundo, sino que también podemos verla
reflejada, en líderes muy influyentes como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Javier
Milei, Elon Musk etc. quienes adoptan actitudes desafiantes, discursos
insultantes y, sobre todo, decisiones autoritarias que terminan por
categorizarlos como personajes de ultraderecha. Es por eso que ahora vemos con
preocupación cómo el fantasma del fascismo que asoló a medio mundo el siglo
pasado vuelve a emerger como un fénix para avivar el odio hacia todo movimiento
social y despierto. Los grandes poderes
del mundo temerosos de una revolución a escala a global donde peligrarían sus
intereses, se “victimizan” a través de la narrativa de un comunismo fallido y
mal interpretado que, sin duda alguna, resultó ser un fracaso en muchos
aspectos para países que terminaron por derrocarlo, recurriendo al discurso en
defensa de la libertad, que en principio se trata de la libertad de los
mercados (Sus mercados) y no la del individuo, puesto que necesitan que este se
mantenga en su estado de indefensión e incertidumbre (Algo en lo que ayuda
mucho los medios en favor del poder) para negarles la verdadera libertad.
De esta forma, aupados por el inmenso poder de las redes sociales, la
influencia de las estrellas de internet y una propaganda meticulosa que busca
desinformar, recurriendo como ya se mencionó al negacionismo, al reduccionismo
y sobre todo a la mentira, es que vuelve el fantasma del fascismo a tomarse el
mundo, ayudado también sin duda alguna, por líderes que no supieron implementar
adecuadamente el socialismo o las políticas progresistas en muchos países del
mundo, lo cual llevó a reforzar en favor de los neoliberales, la idea a la que
siempre ha combatido, de que el socialismo es el enemigo de la humanidad.
Entonces, respondiendo a la pregunta inicial de este escrito ¿Estamos ante
el renacer del fascismo en el mundo?, eso ya depende de la percepción de cada
uno, de la comprensión de lo que significa y significó para la humanidad el
mismo, dependerá especialmente de la corriente política de cada quien, dependerá,
sobre todo, de qué tan manipulables somos. Solo habrá que ver los eventos que se
sucederán a partir de la fecha en la que se escribe este ensayo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario