miércoles, 7 de mayo de 2025

¿ESTÁ RESURGIENDO EL FASCISMO EN EL MUNDO?

 Una crisis de identidad, junto a una creciente ola de desinformación y negacionismo, sumado al evidente fracaso del sistema capitalista, parece crear el caldo de cultivo perfecto para que el fascismo retorne al mundo como una máquina perpetuadora de odios, ahora bajo el velo libertario y anti-estatista que quiere venderse como una corriente defensora de la libertad y la democracia

Algo sin precedentes en Colombia ha estado aconteciendo estos días: una batalla entre colectivos culturales que buscan resaltar los crímenes de estado perpetrados en la legendaria Comuna 13 de Medellín y la alcaldía de esa ciudad, a la que se les ha unido algunos influencer anti-izquierda. La misma consiste en realizar murales en referencia a las llamadas “cuchas”, que son como se les llama a las madres de jóvenes que fueron asesinados o desaparecidos en la tristemente célebre operación Orión en el año 2002 y la subsecuente censura de los mismos por parte de personas consideradas anti-izquierda.

Si bien pareciera esto no tener la mayor relevancia, hay que resaltar que dentro de esta misma se gesta una batalla ideológica en la que dos grupos se ven enfrentados ante la narrativa que deja la violenta historia de nuestro país. Por un lado, tenemos a dos sectores que componen los extremos opuestos dentro del espectro político y por otro, una lucha donde busca imponerse la verdad interpretada por cada uno de ellos, verdades que tienden a radicalizarse precisamente por pertenecer a las laderas políticas, casi abismales que rodean el espectro ideológico, bastante golpeado de nuestro país.

En el lado de izquierda, están las personas que buscan preservar la memoria de los crímenes de estado cometidos con ayuda de grupos ilegales durante los años 90 y comienzos del 2000 y en su lado opuesto, las personas que consideran esto una narrativa tendenciosa, propiciada por la izquierda para mantenerse en el poder, situación que los ha llevado a una batalla “cultural”, en la que estos últimos están empeñados en tapar los murales creados por artistas de colectivos en favor de la memoria de las mujeres paisas, que perdieron a sus hijos durante operativos militares en la Comuna 13.

Pero, ¿Qué hay realmente detrás de este conflicto? ¿Obedece realmente a un interés genuino por conocer la verdad o simplemente se rebaja a una lucha ideológica donde solo se ven enfrentadas las narrativas de cada extremo? Esto lo trataremos de responder en las siguientes líneas de este ensayo.

CONSPIRACIÓN JUDEO-MASÓNICA, GUERRA FRÍA Y AGENDA 2030

Para adentrarnos en la comprensión de esta batalla que puede considerarse hoy, un referente de lo que se avecina en el mundo, debemos remontarnos hacia los siglos X y XI y la persecución del pueblo judío, al que se les acusaba de una cantidad de cosas absurdas e insustentables, fruto de los prejuicios y oscuros intereses que buscaban mantenerlos reducidos, tal como pasa hoy en día en muchos gobiernos con ciertas etnias y como paradójicamente sucede con la persecución del gobierno sionista de Israel hacia el pueblo palestino, o la China comunista y la detención masiva de los uigures en Asia central etc.

A raíz del nacimiento del sentimiento antisemita en varios países de Europa y Asia, y con la llegada de Karl Marx (cuyo origen era judío) y otros autores afines a su pensamiento, los grupos de derecha nacionalista no vieron con buenos ojos las ideas propuestas por estos intelectuales que no solo constituyeron una crítica hacia el capitalismo explotador de aquellos años, sino que en principio propusieron el bienestar de la clase trabajadora y la humanidad en general, bajo una época dónde los derechos civiles eran prácticamente nulos.

Como era de esperarse, estas ideas no fueron bien tomadas por la clase burguesa que había emergido tras la revolución en Francia, además porque muchos de los acaudalados hombres de negocios en ese entonces eran de origen judío (como los ya legendarios Rothschild), lo que podría haberse constituido una competencia entre poderes financieros. A esto se suma una iglesia católica que no solo se dedicó a perseguir al pueblo judío durante décadas, sino que, al ser contrarios a su dogma, constituían una verdadera amenaza para su influencia. Todos estos causales confluirían no solo en una encarnizada campaña anti-judía, dando origen a la teoría judeo-masónica y posteriormente, teoría judeo-masónica-comunista internacional, sino a uno de los eventos más deleznables de la historia humana, el Shoá o exterminio del pueblo judío por los nazis alemanes.

La teoría de conspiración llamada Judeo-masónica-comunista, bajo argumentos bastante cuestionables, se encarga de promover por aquellos días, la idea de que existe un contubernio entre la masonería y la elite judía para establecer un orden mundial bajo una dictadura global, en donde el comunismo sería el sistema económico dominante, en el cual, estas personas provistas de un gran poder económico y político, serían quienes tomaran las riendas de la humanidad, impidiendo entre otras cosas, los derechos civiles, la soberanía y el ejercicio del libre mercado.

Aquí debo hacer un paréntesis, porque en algún momento de mi vida, yo llegue a creer incluso a simpatizar en parte con estas teorías. Afortunadamente, solo tuve que leer e informarme mejor y usar un poco el sentido común para entender que la idea de un nuevo orden mundial o una dictadura global como teorizan los seguidores y creyentes de esta absurda hipótesis, no es más que un delirio por más ridículo, ya que sería prácticamente imposible implantar dicho gobierno mundial. Para entenderlo solo hay que ver el intento casi fallido que dio lugar a la creación del organismo internacional conocido como Naciones Unidas, en más de 50 años ha demostrado en un grado mayor, la inoperancia respecto a muchas de sus decisiones políticas, especialmente por el ejercicio de la figura conocida como derecho al veto, el cual le da una gran facultad a las superpotencias para aceptar o rechazar las mismas.

No obstante, hay que reconocer que entidades como el FMI y el Banco Mundial, han logrado establecer un orden internacional económico, cuyas políticas irrestrictas someten a las naciones del sur global, es decir las más pobres bajo sus cuestionables y en muchos casos “hipócritas” directrices.

La Guerra Fría, también conocida como “La cortina de Hierro”, un periodo de turbulencias políticas acaecido entre 1945 y 1991, vendría a consolidar lo que hasta hoy ha sido un conflicto entre las dos líneas del radicalismo político puro, y que a su vez produciría múltiples eventos catastróficos, sentando hasta nuestros días una división, que como seres humanos civilizados no deberíamos tener.

Con el triunfo de la revolución bolchevique en octubre de 1917, nació un grupo contrarrevolucionario y nacionalista, que se opuso al establecimiento del comunismo en Rusia (conocido como Movimiento Blanco), apoyado por occidente. Más tarde, los fascistas europeos encabezados por Alemania y Japón firmaron el tratado Antikominter, que buscaba frenar, el avance del socialismo en Europa y Asia. En China también surgió un grupo nacionalista que se oponía de la misma manera a las ideas marxistas, el Kuomintang. Si el comunismo triunfó en algunas regiones del mundo, esto se debió en principio al gran descontento popular, producto de la mala situación económica de naciones, cuyas mayores responsables fueron imperios ya extintos o gobiernos conservadores, siempre contrarios a la creación de un estado de bienestar social y el establecimiento de los derechos civiles. En el caso de Colombia, las guerrillas marxistas nacerían producto de la sangrienta persecución que hizo el estado conservador a todos aquellos que profesaran ideas liberales. El marxismo cambió todo porque propuso una revolución popular que caló profundamente en las poblaciones más vulnerables y así, con la ayuda de potencias extranjeras se conformaron las primeras agrupaciones revolucionarias marxistas, algunas de las cuales aún persisten.

Así creció el temor de la burguesía nacional e internacional por la expansión del comunismo a través de la revolución rusa y china, que, bajo las ideas de Marx, absolutamente contrarias a los intereses del capitalismo, amenazarían con la paz, la libertad y el “equilibrio” económico que ofrece el sistema de libre mercado. Para contrarrestar el avance del comunismo en el mundo, el gobierno de Estados Unidos intervino en la guerra Indochina y luchó en contra de Vietnam del norte, además de crear varias estrategias para contrarrestar la revolución socialista en países latinoamericanos. Uno de estos planes sería la nefasta Operación Cóndor, que buscó a través de una fuerte propaganda y persecución en contra de pensadores, artistas y líderes de izquierda, incluyendo el asesinato o desaparición de los mismos, valiéndose claro está de dictaduras militares como las del general Pinochet en Chile y Videla en Argentina. Además de cursar una guerra silenciosa con tintes propagandistas y militarmente estratégicos (Con la disuasión a través de arsenales nucleares) Estados Unidos compitió por años con Rusia, estableciendo un histórico bloqueo a la isla de Cuba tras el triunfo de la revolución del Che Guevara y Fidel Castro en ese país, bloqueo que más tarde se traduciría en sanciones que hasta el día de hoy, son aplicadas con la ayuda de sus países aliados.

Los años 70 y 80’s fueron especialmente oscuros para todos aquellos que profesaran el socialismo en los países latinoamericanos, muchos de estos influenciados por el fascismo europeo, iniciaron una persecución sistemática en contra de estos pensadores y movimientos generalmente estudiantiles que clamaban por mayor justicia social. Tenemos entonces el golpe de Estado contra Salvador Allende, la persecución política de estudiantes y activistas en Argentina, Chile y Colombia, que involucró el asesinato y desaparición de los mismos.

En principio, la burguesía internacional no teme al comunismo como tal, puesto que de establecerse el mismo a través de una transición equivocada en países como Rusia, Cuba, Polonia, Alemania etc. (Esto en base a los pensadores del marxismo que consideran a estas naciones como pre-comunistas) ellos habrían podido de alguna forma tomar las riendas del estado. El verdadero temor era hacia la concepción misma de las ideas marxistas, que en principio buscaban la razón a través del uso de la ciencia y la dialéctica del arte y el humanismo. El miedo de la oligarquía internacional era y sigue siendo, el que el marxismo u otras corrientes afines, permitieran una población pensante y rigurosa, la demanda por sus derechos civiles y una lucha contra la desigualdad, la injusticia y los abusos de poder, cosa que para el sistema capitalista neoliberal nunca ha sido bueno, pese a que en sus discursos siempre aseguran defender la libertad y la justicia.

En conclusión, el modelo neoliberal siempre ha pretendido mantener su esquema de expolio del capital de trabajo (Conocido como plusvalía), es decir, pagar menos a los trabajadores para incrementar sus utilidades, nade lejos de lo que concebíamos antes como esclavitud, por mucho que los libertarios aseguren que este es un modelo “pactado y libre”, donde empresario y trabajador acuerdan para dar un pago a cambio de su trabajo, (aunque hoy en día este pago debería también otorgarse en forma de tiempo)

Como lo dije antes, el verdadero temor de los oligarcas dueños de los más grandes emporios financieros y comerciales, consiste en tener a “ciudadanos despiertos”, todo lo contrario, a un ciudadano distraído, desinformado o incluso a aquel que le han “implantado” una serie de verdades injustificadas a través de teorías conspirativas. De hecho, gracias a las luchas sociales que persisten en el mundo, es que hoy podemos concebir un mundo con verdaderas libertades y derechos (cimientos de nuestra civilización occidental), en donde gracias al desarrollo tecnológico, (producto de las necesidades e ingenio humano y no del capitalismo como estas personas quieren hacerlo ver), la guerra sucia contra el socialismo persiste, bajo nuevas dinámicas y discursos que casi siempre distorsionan la realidad. Es por eso que también hay una iniciativa por negar eventos históricos trascendentales, de hecho en Colombia la materia de historia desapareció de las aulas a comienzos del nuevo milenio y hoy en día, los movimientos sociales buscan mantener viva la memoria de un país que sigue luchando contra la violencia, cosa que los conservadores y sus cristobitas, los libertarios, abrogan como un adoctrinamiento por parte del socialismo solapado que pretende “tomarse América” e imponer el comunismo en el continente.

Durante la década de los noventa, nuevamente surge una teoría de conspiración en la que se involucra a teóricos marxistas (Más exactamente de la Escuela de Frankfort, a quienes se consideraban en su mayoría, personas de la comunidad judía) bajo una supuesta campaña en contra del conservadurismo y los valores cristianos, llamándola convenientemente “Marxismo Cultural”, y si bien, se creía debilitada dicha teoría, esta volvió a tomar fuerza en el 2010, y ahora bajo un nuevo término creado por las elites conservadoras para desprestigiar los diversos movimientos sociales y las protestas, el wokismo, un nuevo y mordaz intento por acabar con la izquierda en occidente, utilizando el poder de rápida difusión de las redes sociales y escudados bajo el principio de libertad de expresión. En principio, la guerra contra el wokismo consiste en ejecutar una campaña sucia valiéndose de la propaganda negra y otras estrategias como la desinformación para negar causas ajenas a los intereses de estas elites ultraconservadoras, como la crisis medioambiental, los derechos laborales, el mal llamado indigenismo, el reconocimiento de la diversidad de género y racial etc.

En los últimos días a la fecha de escrito este ensayo, ha causado un gran revuelo las políticas abruptamente proteccionistas que ha planteado en su nuevo mandato el empresario Donald Trump, políticas que muchos han catalogado como fascistas, al emprender prácticamente una directriz persecutoria hacia los inmigrantes en Estados Unidos, en dónde se ha visto toda clase de abusos sistemáticos a los derechos humanos (Tal como lo hizo el presidente del Salvador Nayib Bukele con su política de cero tolerancia al crimen). Hay que recordar que Donald Trump es un político perteneciente a la corriente del paleoconservadurismo, cuya ideología según se dice es exclusiva de la angloesfera, y además aboga por mantener los valores cristianos protestantes junto el regionalismo, con tintes patrióticos que rayan dentro del nacionalismo. Donald Trump es a su vez, el principal personaje de una teoría conspirativa de la ultraderecha estadounidense, que lo ve casi como un mesías y cuyos seguidores protagonizaron el asalto a la Casa Blanca en enero de 2021. Muchas de las personas que organizaron este ataque, contaban con miembros del movimiento Qanon, cuya teoría es básicamente una regresión hacia los argumentos que ocasionaron la persecución y el odio hacia los judíos a comienzos del siglo pasado, asegurando que estos, junto a políticos demócratas o progresistas (Como Barack Obama y Hillary Clinton) estarían detrás de una red internacional de abuso a menores.

El problema en sí ha sido que Trump está tratando de ser el referente de esa guerra inventada por los enemigos de la izquierda, al igual que sus homólogos Nayib Bukele, en su tiempo Bolsonaro, el presidente argentino Javier Milei, en contra de un progresismo (Según ellos) alienante, antidemocrático y polarizador, contrario a todos los valores éticos humanos y que busca implantar un régimen global donde desaparecería eventualmente, los dos principios que determinan la “libertad del mercado”: el emprendimiento y el derecho la propiedad privada.

Según los creyentes ultraderechistas de estas teorías, la agenda 2030, creada por la ONU e impulsada por el Foro Económico Mundial (WEF), por medio de diversas políticas se buscaría llegar a la creación de un estado global único, regido por iniciativas de corte comunista, con el fin de alcanzar la dominación del ser humano, y aunque esto suene ridículo  (Por que incluso revisando la iniciativa esencial de la agenda, se contradice ampliamente) es algo que millones de personas en el mundo siguen creyendo..

REVISAR, NEGAR, DESINFORMAR

Uno de los más grandes debates que se han dado los últimos años es el manejo responsable de las redes sociales, especialmente en materia de información, ya que esta gracias al fenómeno de rápida propagación y gran alcance que ofrecen dichas redes, la tarea de informar se ha desbocado, porque en principio, es prácticamente imposible moderar el gran flujo de datos que se vierten en millones de publicaciones a diario, y sumado a esto prevalece el derecho a la libertad de expresión, que desde luego muchos usan como bastión para justificar un sinfín de conductas inapropiadas a la hora de compartir datos y opiniones.

Dentro del accionar de los nacionalistas de ultraderecha, (un fenómeno tan radical y peligroso incluso más que el radicalismo dentro de la izquierda), a mediados del siglo pasado surgieron nuevamente, varias teorías que buscaban realizar una revisión al holocausto en la segunda guerra mundial. Surgieron cuestionamientos como, si realmente habían perecido 6 millones de judíos a manos del régimen nazi, y teorías que aseguraban que Hitler no pretendía en principio el exterminio de esto pueblo, sino su destierro. También hay hipótesis que afirman que la segunda guerra mundial y la persecución al pueblo askenazi, se hizo con el objeto de crear el estado de Israel, incluso que fueron los mismos judíos desde Wall Street quienes financiaron tanto el ascenso de la revolución bolchevique en Rusia, como el movimiento nacionalsocialista en Alemania. Todas estas teorías han obedecido a tres principios fundamentales que hoy en día, hacen parte de la construcción de narrativas radicalistas: el revisar, negar y desinformar. Si bien la contrastación y la corroboración de la información son parte fundamental de todo proceso investigativo, el revisionismo histórico, dentro de su connotación negativa, busca forzadamente recopilar datos y emitir conclusiones deliberadamente bajo un propósito carente de objetividad. El revisionismo histórico es esencial para enriquecer la construcción de la historia, pero también para revindicar eventos y personalidades cruciales en la humanidad, no obstante cuando este llega al negacionismo, es decir, usar dicha revisión con una clara intención de generar narrativas en contra de personas o grupos, el revisionismo pierde su razón justa de ser dentro de la historia y se convierte en un arma más del poder, y es bajo este, aupado por el inmenso potencial mediático de las redes sociales, es que logra transformarse en una herramienta para desinformar, lo que conlleva a la propaganda negra, es decir, a toda campaña que busca difamar e infringir daño, ya sea a una persona o un colectivo. Como el negacionismo ya está normalizándose dentro de las batallas ideológicas, entre las diversas facciones que componen el espectro, el horizonte del debate político se torna cada vez más oscuro y divisorio, llevándonos a una polarización de la cual aún ignoramos si sus efectos tendrán un perjuicio duradero. El revisionismo está también sometido a un reduccionismo, a veces infame, como por ejemplo el que hace la senadora colombiana María Fernanda Cabal al afirmar que en la masacre de las bananeras, hecho históricamente documentado, no hubo la cifra de 3000 muertos, lo que no solo banaliza la importancia y profundidad de este lamentable episodio de la historia colombiana, sino que reafirma bajo una convicción de que el objeto de la izquierda ha sido siempre, el desinformar para justificar las causas sociales.

Las batallas en el siglo pasado se daban entre luchas casi siempre con cuotas de sangre, entre los sectores liberales y conservadores. Hoy en día tenemos a dos sectores, muchas veces ubicados en los extremos, bajo una confrontación de ideas en las que es malinterpretado el discurso social, reduciéndolo hacia el “fracaso” que ha tenido en el mundo, el comunismo autoritario. Si bien es muy difícil desligar a las personas que se encuentran en la izquierda a los eventos que marcaron negativamente el triunfo de regímenes socialistas que finalmente cayeron en el pasado y como no, a las luchas sangrientas e infames que dieron muchos de sus brazos armados rebeldes en varios países del mundo, la mayoría de quienes nos encontramos en este lado del espectro político, no comulgamos al pie de la letra con la teoría marxista, aunque si reconocemos su importante valor histórico y filosófico, además de que consideramos el ejercicio de la protesta social como inalienable y esencialmente democrático, mientras que los libertarios, principales contradictores de las reformas sociales y “defensores” del libre mercado y la propiedad privada, aplican un concepto mezcla de liberalismo y conservadurismo, que en principio buscan con demostraciones a veces engañosas o sofisticadas desacreditar a la izquierda, es decir, pasarían de usar la violencia física y el terror a abusar del engaño y la incertidumbre. Antes (aunque no del todo) silenciar significaba torturar, desparecer, asesinar, hoy en día esto se ha sublimado al desacreditar, desinformar, desterrar. Antes, contrario a lo que muchos pensaban que “todo tiempo pasado fue mejor”, si se quería sacar a un contradictor de la vista, se recurría a la desaparición forzada o intimidación (Aún se sigue haciendo desde luego). Hoy en día solo hay que mirar hacia qué ideología apunta para aislarlo. Debo aclarar que esto se presentó tanto en los regímenes de izquierda como derecha, teniendo como principal forma de gobierno al autoritarismo, que es indistinto a las ideologías que están en los dos extremos del espectro.

EL COLAPSO CULTURAL DEL CAPITALISMO Y EL COMIENZO DE UNA NUEVA GUERRA FRÍA

Sin duda alguna hoy parece despertarse una nueva batalla global que procederá con la caída de la mayor economía del mundo y su principal factor de enriquecimiento: La divisa estándar del dólar. El bloque BRICS que propone un comercio multipolar y de divisas descentralizadas, parece tomar cada vez más poder. Algunos de los países que podrían anexarse a este importante grupo comercial obedecerían a su propia ideología o simplemente estarían previendo el posible colapso de la economía de Estados Unidos, país que al final tendrá que aceptar la necesidad de un nuevo orden para el comercio global, un “reseteo” - como se venía promoviendo desde hace más de una década-, cuyo objeto principal sería acabar con la enorme brecha económica que hay entre el norte y el sur global. Desde luego que Estados Unidos no aceptará esta derrota, sin antes dar la batalla, y entonces lo que hará es fortalecer a sus estados aliados, afines principalmente a sus políticas supremacistas, a la vez que debilita, básicamente mediante chantajes y amenazas, a aquellos que busquen conformar el bloque chino-ruso, pero, sobre todo, utilizará la vasta matriz mediática que ofrecen las redes sociales para colocar a la opinión pública a su favor.

Una de las características más sobresalientes de las redes sociales es la arrogancia y prepotencia que se ha normalizado en torno a ella, y esto solo le viene bien al sistema que por décadas ha gobernado al mundo, el neoliberalismo. El carácter altivo y descollante de muchos influencers y generadores de contenido han constituido toda una revolución en las redes, con el hecho de que estas personas logran enormes cantidades de seguidores y como tal, un consumo desmesurado de sus contenidos, teniendo como muchos de estos, la exhibición no solo de sus estilos de vida llenos de opulencia, inalcanzables para la mayoría de personas quienes los siguen, sino difundiendo ideas o conceptos a favor del individualismo y en contra de toda forma de pensamiento social. Esta arrogancia, asociada con la vida de las personalidades más ricas y poderosas del mundo, parece no solo haber tocado el corazón de muchas personas, especialmente los jóvenes en el mundo, sino que también podemos verla reflejada, en líderes muy influyentes como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Javier Milei, Elon Musk etc. quienes adoptan actitudes desafiantes, discursos insultantes y, sobre todo, decisiones autoritarias que terminan por categorizarlos como personajes de ultraderecha. Es por eso que ahora vemos con preocupación cómo el fantasma del fascismo que asoló a medio mundo el siglo pasado vuelve a emerger como un fénix para avivar el odio hacia todo movimiento social y despierto. Los grandes poderes del mundo temerosos de una revolución a escala a global donde peligrarían sus intereses, se “victimizan” a través de la narrativa de un comunismo fallido y mal interpretado que, sin duda alguna, resultó ser un fracaso en muchos aspectos para países que terminaron por derrocarlo, recurriendo al discurso en defensa de la libertad, que en principio se trata de la libertad de los mercados (Sus mercados) y no la del individuo, puesto que necesitan que este se mantenga en su estado de indefensión e incertidumbre (Algo en lo que ayuda mucho los medios en favor del poder) para negarles la verdadera libertad. De esta forma, aupados por el inmenso poder de las redes sociales, la influencia de las estrellas de internet y una propaganda meticulosa que busca desinformar, recurriendo como ya se mencionó al negacionismo, al reduccionismo y sobre todo a la mentira, es que vuelve el fantasma del fascismo a tomarse el mundo, ayudado también sin duda alguna, por líderes que no supieron implementar adecuadamente el socialismo o las políticas progresistas en muchos países del mundo, lo cual llevó a reforzar en favor de los neoliberales, la idea a la que siempre ha combatido, de que el socialismo es el enemigo de la humanidad.

Entonces, respondiendo a la pregunta inicial de este escrito ¿Estamos ante el renacer del fascismo en el mundo?, eso ya depende de la percepción de cada uno, de la comprensión de lo que significa y significó para la humanidad el mismo, dependerá especialmente de la corriente política de cada quien, dependerá, sobre todo, de qué tan manipulables somos.  Solo habrá que ver los eventos que se sucederán a partir de la fecha en la que se escribe este ensayo.

¿ESTÁ RESURGIENDO EL FASCISMO EN EL MUNDO?

  Una crisis de identidad, junto a una creciente ola de desinformación y negacionismo, sumado al evidente fracaso del sistema capitalista, p...