lunes, 14 de agosto de 2023

POR QUÉ EL PARTIDISMO Y LA PROPAGANDA POLÍTICA DEBEN ACABAR

 


Desde hace años hemos estado reflexionando acerca del actual sistema electoral y todas las problemáticas que genera la participación democrática y la política en general, el sostener un sistema que, si bien obedece al pie de la letra el espíritu del libre mercado y como tal de la "democracia", ha demostrado su fracaso y evidente obsolescencia.

El caso del actual presidente de Colombia Gustavo Petro y el presunto ingreso de dineros ilícitos a su campaña, vuelve a poner en la palestra el tema de la influencia de los grupos ilegales en la política y la malversación de fondos, situación nada novedosa en nuestro país puesto que el ingreso de dineros irregulares a las campañas políticas es algo que sucede todo el tiempo, sin contar que, como lo revela el sonado caso Odebretch, los sobornos son el panis cotidie en el delicado y muy difícil asunto de controlar, fenómeno de la contratación estatal.

El sonado proceso 8000 que involucró al presidente de la república, el liberal Ernesto Samper Pizano, marcó un antes y un después en el imaginario político colombiano, ya que este escándalo (En el cual el cartel de Cali habría financiado la aspiración presidencial de Samper y qué terminó con la condena del jefe de dicha campaña, el exministro de defensa Fernando Botero), ha sido un referente para esta cuestión tan recurrente en épocas electorales, y que se sigue sucediendo en casos, eso sí bajo ciertos matices, como la Yidis Política, Odebretch, y el más reciente escándalo del narcotraficante asesinado, José Guillermo “Ñeñe” Hernández quien habría financiado presuntamente la campaña del presidente Iván Duque. Todos estos con el particular, de que nunca fueron impedimento para que los candidatos pudieran ejercer su mandato.

Pareciera que la historia olvidara por medio del proceso 8000 que antes del mismo (Como si se tratara de un filtro), según documentos desclasificados de la agencia FBI de 1990 y publicados en 2012, el cartel de Medellín habría financiado a varios representantes políticos en Antioquia, incluido el senador y eventual presidente de la república Álvaro Uribe Vélez. Según el análisis de expertos, para aquella época era muy difícil saber cómo se manejaba el dinero en las campañas y considerando dicha situación, sería casi imposible saber si algunos otros políticos que antecedieron los casos ya mencionados, captaron dinero de manera irregular, por ende, no tenemos registros verificables, por lo menos no para la opinión pública.

La economía del libre mercado, base del capitalismo actual, nos ha dejado valiosas enseñanzas acerca de lo que se “oferta” y lo que “vende” realmente. El creciente poderío de muchas empresas organizadas como monopolios, oligopolios, keiretsus, corporaciones etc. nos muestra que incluso la dinámica más libre del capital está supeditada al poder y como tal, a cierto grado de autoritarismo y esto lo evidencia el fenómeno conocido como “cartelización”. La influencia de estos grandes conglomerados económicos, es en gran parte, la que mueven los hilos de la política en el país y no es de extrañar que cada uno de estos grupos cuenten con sus propios representantes: Los partidos políticos, y como tal, su influencia tanto en instituciones como en funcionarios del estado es muy grande, porque calan justamente en el imaginario político, que no es otra cosa que pisar el terreno de las ideologías.

Paralelamente a esto, encontramos los grupos llamados irregulares, (que no es otra cosa que el crimen organizado), con los que contamos desde organizaciones delincuenciales, narcotraficantes, hasta grupos paramilitares y pseudo-guerrillas, quienes también cuentan con un enorme poder adquisitivo (Un ejemplo: el cártel de Sinaloa según la DEA, percibe ganancias por cerca de $11.000 millones de dólares al año y su influencia transnacional crece cada vez más) Estos grupos intervienen tanto en política como en economía liderando muchos sectores que son usualmente los más utilizados para el lavado de dinero, como el sector de la construcción. No es de extrañar que los terribles tentáculos de la economía ilegal hayan alcanzado también al sector empresarial del país (Según fuentes, el narcotráfico representaría en Colombia el 4.5% de su PIB, sin duda alguna esta influencia es más que evidente)

El caso de México y Colombia son muy particulares, ya que, con el creciente poder de estos cárteles, se ha manchado a los políticos que reciben dinero, bienes e incluso protección de estas organizaciones. Estos a su vez son influenciados por el sector empresarial o contratista, creando un lazo que termina por enmarañarse en un nudo difícil de desenredar. Entonces vemos como la política del país que debería estar al servicio del ciudadano, especialmente del más vulnerable, termina sirviendo a los intereses de los grandes capitales, sea de donde sea que estos provengan.

El asesinato sistemático de funcionarios públicos como jueces y agentes de la policía y el ejército, entes que trabajan arriesgando su vida para hacer justicia y procurar el orden, la masacre de líderes sociales que trabajan en favor de las comunidades abandonadas literalmente por el estado, y la persecución, amenaza y muerte de valientes periodistas que se atreven a denunciar la corrupción del sector público, político y empresarial del país, nos muestra como el capitalismo de libre mercado, opera en gran parte de nuestros países bajo un constante, solapado y en muchas ocasiones impune accionar (como el caso del recién asesinado periodista Rafael Moreno) de los sectores ya mencionados.

El terrible fenómeno del acaparamiento de tierras (Que pareciera ser invisible ante nuestro imaginario colectivo), es una realidad que muestra como grupos armados valiéndose del terror, sumado a los constantes enfrentamientos entre grupos ilegales y fuerzas armadas, provocan el desplazamiento masivo de comunidades de sus tierras, que al final terminan bajo el control de estas organizaciones criminales. La finalidad de dicho acaparamiento va desde el establecimiento de rutas del narcotráfico, la explotación ilegal de recursos, la ampliación de campos del cultivo de plantas para fabricar drogas ilícitas, hasta la venta de dichos terrenos, que en muchas ocasiones gracias a las trampas burocráticas terminan legalizadas tras su despojo, en manos de empresarios, políticos e incluso comunidades religiosas.

De esta manera nos damos cuenta que lo que nos OFERTA el Laissez Faire, el capitalismo del libre mercado no del todo es lo que nos termina por VENDER, es una libertad falsa, manejada elaboradamente por las estrategias de percepción (el marketing si lo prefieren), todo esto constituido por una maquinaria mediática, que sin duda alguna más que constituir el “cuarto poder”, un poder alterno capaz de trastornar la realidad al beneficio de este capitalismo catalogado en muchas ocasiones como salvaje. Esta escasa transparencia evidentemente sesgada por las absurdas ideologías partidistas, constituye en una bien solapada manipulación de la percepción ciudadana, a la que se obligan los medios de proporcionar información parcial y rigurosa a la ciudadanía, ¿No constituye acaso esto en una franca violación a los derechos civiles? ¿Dónde queda la libertad cuando en Colombia son dos o tres los medios con más poder (Los llamados tradicionales) los que terminan por influir en el consciente colectivo, la percepción política que termina de verse reflejada en las urnas y demás decisiones democráticas? En este punto recuerdo cuando un activista confrontó a uno de los delegados en las famosas reuniones del Club Bilderberg, en el que este de manera tajante y fría le contestó. “Ustedes los ciudadanos son los responsables de lo que pasa en el mundo, ustedes son los que eligen” Mas o menos es lo que decía.

Desafortunadamente este accionar, este laissez faire es el mismo que maneja la propaganda política, la maquinaria electoral que hoy nos lleva a elegir a nuestros funcionarios más importantes, aquella que abrirá el camino donde confluye el destino político de cada nación. El candidato se oferta al pueblo como un producto más, como una baratija en muchos casos, la intensidad de su campaña es directamente proporcional al dinero que se le inyecte a la misma. De ahí surge un problema, que el estado tiene que pagar estas campañas, si bien es un pequeño porcentaje de lo que se invierte, le termina generando un costo a la nación (Por lo menos acá en Colombia) Llega entonces a las manos del incauto, el panfleto de un rostro sonriente, un slogan junto al logo del partido, es todo lo que termina por saber el ciudadano, el político ofrece solo una imagen superflua de sí, pero termina vendiendo una realidad, en ocasiones una mucho peor: la de un funcionario que no lo representa, que le miente, y que esencialmente está allí como un favor político, o por su propia ambición. A esta simple y mundana regla del capital se somete algo tan esencialmente importante como lo es la política, es el engaño puro de vendernos un producto que al final no va a cumplir su función, nada más antiético que convertir a la democracia en una mercancía. Mucho peor si la estrategia es el engaño. El tema de la política debe elevarse a donde el debate público sea la esencia, el mercado electoral lo rebaja a un subproducto de la democracia y la libertad.

Este sistema de elección popular, que lleva años sosteniéndose bajo las mismas dinámicas, sometido a las cuasi anárquicas pulsiones que permean las reglas del libre mercado, ya no solo resulta antiético, sino que también es desgastado, obsoleto y de por si innecesario, y es aquí donde los partidos juegan un rol esencial en su sostenimiento: la ideología, algo que estaría bien quizás para las sociedades democráticas más tempranas pero que, para esta la era digital en donde todo se sujeta a una mayor demanda de dinamismo y transparencia, no deja de ser más que un absurdo. El tema de las ideologías del cuál parte el nefasto veneno que representa para la mente humana ser el adoctrinamiento, es algo que sin duda alguna debería quedarse solo en libros de historia.

Hoy el movimiento social está muy por encima de la ideología, el partidismo y como lo he mencionado en varias veces, el espectro político no hace más que dividirnos en un plano donde todos nuestros intereses deberían confluir en torno a un mismo propósito, hacia un mayor dinamismo y efectividad en la aplicación de la política, un terreno práctico orientado hacia la ciencia misma donde el principal objetivo tendría que ser el bienestar humano y la preservación de entorno saludable, nunca en la defensa de ideales y principios que solo ayudan a formar mentes pasivas, perpetuando así un sistema que solo funciona para unos pocos.

Habiendo determinado lo insustancial que resulta la concepción ideológica, esencia de todo partido o movimiento político, nos damos cuenta de por qué los partidos deben acabarse, y es en principio, porque su función resulta inútil y problemática. En Colombia en el comienzo del 2000 y con la llegada de la nueva constitución se llegaron a conformar 64 partidos políticos, lo que demostró contundentemente la función real de los mismos. Actualmente llegamos a 35 partidos con aval político y como algunos expertos señalan, todo esto culmina en la atomización del pluralismo y la ejecución de diversos delitos electorales.

Actualmente los partidos más influyentes, los tradicionales conservador y liberal, junto a los alternativos como Centro Democrático, Cambio Radical y Polo democrático, coinciden en que, si bien se mueven hacia cualquiera de los dos lados del espectro, su esencia es democrática. No obstante, dichos partidos al contar con las figuras más prominentes e influyentes en la política nacional, se han convertido en verdaderos fortines para las ideas que mantienen al país en un estado en donde los males sociales son normalizados. Prácticamente, y como lo ha demostrado el actual gobierno cuya bandera es el cambio, los partidos políticos (Incluso los que lo avalaron en un principio) han torpedeado de una u otra manera las reformas que buscan acabar con los flagelos que más han afectado el desarrollo del país: la corrupción y la precariedad laboral. De esta manera vislumbramos que el papel principal de los diversos partidos, especialmente aquellos que existen de tiempos inmemoriales, es el de mantener la división pasiva que sostiene un sistema que reluce por todo menos por ser verdaderamente democrático y libre.



martes, 25 de abril de 2023

LA LUZ BLANCA DEL ESTADO (lux alba)


Justo en esta era, donde cada vez parece que estamos más conectados gracias a la tecnología, descubrimos la política y la subjetivamos, causando un efecto contrario a lo que es el ideal, nos dividimos.

Una de las principales causas de que esto suceda, es precisamente el conflicto ideológico, que trae el concepto de “espectro político” sobre el cual subyacen determinados factores que, por simples que parezcan, escollan en términos que solo profundizan la división.

El problema del espectro político es que ya no es práctico, está primordialmente obsoleto y solo sirve como una “herramienta” de control, de medición para el poder dentro del juego que se ha convertido hoy en día la política, mantener este concepto de división ideológica solo causa confusión o desinterés en la gente, las personas terminan por desvincularse de la política, porque precisamente piensan que la misma, solo se trata de un conflicto ideológico, una pugna de partidos y de ideas que nunca se articulan, y difícilmente llegan al consenso, de aquí lo importante de construir la política no desde la división ideológica sino de la CONFLUENCIA DE INTERÉSES, en la física, los colores del espectro lumínico se juntan para formar la única luz, la luz blanca, la misma que nos debería llevar por un camino inmerso en las sombras. La luz blanca debería revelar todas las verdades bajo una realidad que se traduciría en la justa confluencia de nuestros intereses, esencialmente, las necesidades humanas.

Actualmente la política está ramificada partiendo de tres divisiones, la derecha, izquierda y el centro, este último ha nacido precisamente como una alternativa conjunta de los anteriores, obviando aquellas consignas que pudieran causar o profundizar las divisiones, pero este ha fracasado precisamente porque solo se preocupa por constituirse a sí mismo como una alternativa, y generalmente, el centro termina por alinearse con cualquiera de las otras franjas izquierda o derecha, el centro constituye en la mayoría de casos una trampa política.

 Y no es tan difícil entenderlo, si el centro se preocupara por tener una visión más sólida acerca de la CONFLUENCIA DE INTERÉSES, en vez de preocuparse por lidiar con los conflictos ideológicos de los otros extremos, podría no solo ser la mejor alternativa sino la única viable. Pero, ¿Qué es la confluencia de intereses? Simple y llano concepto, todos como ciudadanos de un país tenemos en esencia las mismas necesidades, los mismos intereses, queremos vivir en paz y con seguridad, tener bienestar en nuestras vidas pudiendo suplir nuestras necesidades esenciales, poder alimentar nuestro espíritu, dar sentido a nuestro ocio, poder vivir en libertad (todo esto y demás para nuestro libre y sano desarrollo personal), con nula o poca intervención estatal y desde luego, sin el apabullante accionar del elitismo empresarial.

 Esta vendría a ser la luz blanca donde las ideologías pierden su color y confluyen en una sola, una luz de razón, de verdad, equidad y justicia. Por siglos el espectro político hizo parte de la construcción social y filosófica de la política y ayudó mucho a establecer la modernidad del estado, pero mientras este proceso, continua y evoluciona, el estado comienza su declive y el proceso se desploma junto a él colocándonos a expensas del peligroso autoritarismo que es en si la principal pesadilla en la política. A su vez, el estado logra mantenerse, porque la necesidad de contar con un conjunto de instituciones que salvaguarde los intereses de las poblaciones más vulnerables frente al codicioso accionar de muchas organizaciones políticas y empresariales, siempre prevalecerá, especialmente en un mundo donde cada día aumenta la desigualdad social.

EL FRACASO DE LA INSTITUCIONALIDAD

Actualmente los únicos entes determinados a hacer política son las instituciones, el presidente y demás figuras de las diversas ramas del poder público, fungiendo para vigilar y proteger a dichas instituciones. El problema de muchas de estas ramas precisamente es su carácter institucional, es decir, la institución concebida como un “ente perpetuo “se ha logrado en primera instancia mantener en el poder gracias a ese carácter, sin importar cuál corrupto o ineficiente sea, haciéndolo prácticamente invulnerable.

 Las sólidas instituciones que primeramente defienden los intereses de gobierno son las que suelen mantenerse para estos fines mientras que las instituciones verdaderamente públicas están en decadencia por la corrupción, la mala administración que llevan a su ineficacia. Las crisis de la institucionalidad se basan específicamente en la burocracia, esta es en muchas ocasiones producida por falta de recursos o mecanismo de veeduría, que no es otra cosa sino el abandono estatal, como por ejemplo las instituciones de justicia que, por falta de presupuesto, tienden a descontinuar el proceso judicial.

 El hecho de que un estado se sostenga casi en su totalidad gracias a estas instituciones hace que cualquier proceso de transformación sea complicado y muchas veces ineficaz (sin contar los costos que esto puede traer) El fracaso de la institucionalidad es el fracaso de la política misma, y si el gobierno o la gente pretenden transformar su nación sin cambiar o reducir a la institucionalidad, difícilmente van a lograr un cambio en el sistema.

La institucionalidad es lo que inmediatamente reemplazó el poder monárquico, una institución como el banco central tiene facultades extraordinarias para manejar la economía de un país, sin ser un representante elegido por el pueblo. En muchos casos los directivos son inamovibles en algunas de estas instituciones, se ha visto por ejemplo que incluso con evidentes pruebas de fraude, como en el caso de la actual Registraduría Nacional de Colombia, encargada del sistema electoral colombiano, no existe alguna responsabilidad ni mucho menos imputación, sus directivos permanecen en sus cargos. Además, la institucionalidad es defendida y protegida por el gobierno de turno: cualquier movimiento, cualquier gobierno que busque cambiarla o eliminarla inmediatamente se le considera como una amenaza para la democracia, la estabilidad política, incluso la paz.

 El problema de mantener la institucionalidad es que, a su vez, se mantiene el poder del corrompido estado informal (En Estados Unidos lo llaman deepstate o “estado profundo”), que es la solapada vinculación de varias personas del sector empresarial, político y castrense y personas que hoy se consideran “influyentes” (Y que en muchos casos suelen ser interdependientes) con la institucionalidad. Es por eso que muchos políticos siguen en el poder sin necesidad de ocupar cargos públicos, de aquí penden los hilos del poder, hilos invisibles de persona que actúan casi como mercenarios, que, de la manera más sigilosa, controlan las instituciones a favor de los intereses finales, es decir, los que realmente van a promover un cambio.

La única manera de hacer un contrapeso, lo suficientemente como para arrebatar este control sinérgico que ostentan las grandes elites económicas de cada país, es mediante la unión de los ciudadanos, la división solo nos hace vulnerables ante este poder que en muchos casos es enfermizo, la luz blanca (LUX ALBA) debería ser el punto de convergencia de todo este contrapoder representado realmente por los ciudadanos, sin importar ninguna de sus diferencias, porque estarían en medio, nuestro intereses cotidianos, los que nos pueden procurar una vida digna y por consecuencia más feliz.

La de esta manera, Lux alba debería ser el movimiento que nos una a la humanidad, en contra de la nociva acumulación de capitales a costa del empobrecimiento de pueblos y naciones. La luz blanca es la unión definitiva del espectro y como tal la muerte del mismo, una luz única que nos debería llevar por el mismo camino de paz y prosperidad para todos.

¿ESTÁ RESURGIENDO EL FASCISMO EN EL MUNDO?

  Una crisis de identidad, junto a una creciente ola de desinformación y negacionismo, sumado al evidente fracaso del sistema capitalista, p...