martes, 25 de abril de 2023

LA LUZ BLANCA DEL ESTADO (lux alba)


Justo en esta era, donde cada vez parece que estamos más conectados gracias a la tecnología, descubrimos la política y la subjetivamos, causando un efecto contrario a lo que es el ideal, nos dividimos.

Una de las principales causas de que esto suceda, es precisamente el conflicto ideológico, que trae el concepto de “espectro político” sobre el cual subyacen determinados factores que, por simples que parezcan, escollan en términos que solo profundizan la división.

El problema del espectro político es que ya no es práctico, está primordialmente obsoleto y solo sirve como una “herramienta” de control, de medición para el poder dentro del juego que se ha convertido hoy en día la política, mantener este concepto de división ideológica solo causa confusión o desinterés en la gente, las personas terminan por desvincularse de la política, porque precisamente piensan que la misma, solo se trata de un conflicto ideológico, una pugna de partidos y de ideas que nunca se articulan, y difícilmente llegan al consenso, de aquí lo importante de construir la política no desde la división ideológica sino de la CONFLUENCIA DE INTERÉSES, en la física, los colores del espectro lumínico se juntan para formar la única luz, la luz blanca, la misma que nos debería llevar por un camino inmerso en las sombras. La luz blanca debería revelar todas las verdades bajo una realidad que se traduciría en la justa confluencia de nuestros intereses, esencialmente, las necesidades humanas.

Actualmente la política está ramificada partiendo de tres divisiones, la derecha, izquierda y el centro, este último ha nacido precisamente como una alternativa conjunta de los anteriores, obviando aquellas consignas que pudieran causar o profundizar las divisiones, pero este ha fracasado precisamente porque solo se preocupa por constituirse a sí mismo como una alternativa, y generalmente, el centro termina por alinearse con cualquiera de las otras franjas izquierda o derecha, el centro constituye en la mayoría de casos una trampa política.

 Y no es tan difícil entenderlo, si el centro se preocupara por tener una visión más sólida acerca de la CONFLUENCIA DE INTERÉSES, en vez de preocuparse por lidiar con los conflictos ideológicos de los otros extremos, podría no solo ser la mejor alternativa sino la única viable. Pero, ¿Qué es la confluencia de intereses? Simple y llano concepto, todos como ciudadanos de un país tenemos en esencia las mismas necesidades, los mismos intereses, queremos vivir en paz y con seguridad, tener bienestar en nuestras vidas pudiendo suplir nuestras necesidades esenciales, poder alimentar nuestro espíritu, dar sentido a nuestro ocio, poder vivir en libertad (todo esto y demás para nuestro libre y sano desarrollo personal), con nula o poca intervención estatal y desde luego, sin el apabullante accionar del elitismo empresarial.

 Esta vendría a ser la luz blanca donde las ideologías pierden su color y confluyen en una sola, una luz de razón, de verdad, equidad y justicia. Por siglos el espectro político hizo parte de la construcción social y filosófica de la política y ayudó mucho a establecer la modernidad del estado, pero mientras este proceso, continua y evoluciona, el estado comienza su declive y el proceso se desploma junto a él colocándonos a expensas del peligroso autoritarismo que es en si la principal pesadilla en la política. A su vez, el estado logra mantenerse, porque la necesidad de contar con un conjunto de instituciones que salvaguarde los intereses de las poblaciones más vulnerables frente al codicioso accionar de muchas organizaciones políticas y empresariales, siempre prevalecerá, especialmente en un mundo donde cada día aumenta la desigualdad social.

EL FRACASO DE LA INSTITUCIONALIDAD

Actualmente los únicos entes determinados a hacer política son las instituciones, el presidente y demás figuras de las diversas ramas del poder público, fungiendo para vigilar y proteger a dichas instituciones. El problema de muchas de estas ramas precisamente es su carácter institucional, es decir, la institución concebida como un “ente perpetuo “se ha logrado en primera instancia mantener en el poder gracias a ese carácter, sin importar cuál corrupto o ineficiente sea, haciéndolo prácticamente invulnerable.

 Las sólidas instituciones que primeramente defienden los intereses de gobierno son las que suelen mantenerse para estos fines mientras que las instituciones verdaderamente públicas están en decadencia por la corrupción, la mala administración que llevan a su ineficacia. Las crisis de la institucionalidad se basan específicamente en la burocracia, esta es en muchas ocasiones producida por falta de recursos o mecanismo de veeduría, que no es otra cosa sino el abandono estatal, como por ejemplo las instituciones de justicia que, por falta de presupuesto, tienden a descontinuar el proceso judicial.

 El hecho de que un estado se sostenga casi en su totalidad gracias a estas instituciones hace que cualquier proceso de transformación sea complicado y muchas veces ineficaz (sin contar los costos que esto puede traer) El fracaso de la institucionalidad es el fracaso de la política misma, y si el gobierno o la gente pretenden transformar su nación sin cambiar o reducir a la institucionalidad, difícilmente van a lograr un cambio en el sistema.

La institucionalidad es lo que inmediatamente reemplazó el poder monárquico, una institución como el banco central tiene facultades extraordinarias para manejar la economía de un país, sin ser un representante elegido por el pueblo. En muchos casos los directivos son inamovibles en algunas de estas instituciones, se ha visto por ejemplo que incluso con evidentes pruebas de fraude, como en el caso de la actual Registraduría Nacional de Colombia, encargada del sistema electoral colombiano, no existe alguna responsabilidad ni mucho menos imputación, sus directivos permanecen en sus cargos. Además, la institucionalidad es defendida y protegida por el gobierno de turno: cualquier movimiento, cualquier gobierno que busque cambiarla o eliminarla inmediatamente se le considera como una amenaza para la democracia, la estabilidad política, incluso la paz.

 El problema de mantener la institucionalidad es que, a su vez, se mantiene el poder del corrompido estado informal (En Estados Unidos lo llaman deepstate o “estado profundo”), que es la solapada vinculación de varias personas del sector empresarial, político y castrense y personas que hoy se consideran “influyentes” (Y que en muchos casos suelen ser interdependientes) con la institucionalidad. Es por eso que muchos políticos siguen en el poder sin necesidad de ocupar cargos públicos, de aquí penden los hilos del poder, hilos invisibles de persona que actúan casi como mercenarios, que, de la manera más sigilosa, controlan las instituciones a favor de los intereses finales, es decir, los que realmente van a promover un cambio.

La única manera de hacer un contrapeso, lo suficientemente como para arrebatar este control sinérgico que ostentan las grandes elites económicas de cada país, es mediante la unión de los ciudadanos, la división solo nos hace vulnerables ante este poder que en muchos casos es enfermizo, la luz blanca (LUX ALBA) debería ser el punto de convergencia de todo este contrapoder representado realmente por los ciudadanos, sin importar ninguna de sus diferencias, porque estarían en medio, nuestro intereses cotidianos, los que nos pueden procurar una vida digna y por consecuencia más feliz.

La de esta manera, Lux alba debería ser el movimiento que nos una a la humanidad, en contra de la nociva acumulación de capitales a costa del empobrecimiento de pueblos y naciones. La luz blanca es la unión definitiva del espectro y como tal la muerte del mismo, una luz única que nos debería llevar por el mismo camino de paz y prosperidad para todos.

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