jueves, 24 de abril de 2025

LA ESTIGMATIZACIÓN DE LAS ADICCIONES: EL FANTASMA QUE NOS PERSIGUE

El reciente caso de un exministro que ha puesto en la palestra al actual presidente de Colombia Gustavo Petro, al acusarlo “formalmente” de que es un drogadicto, no solo demuestra un acto malintencionado por parte de quienes hoy ostentan una intuición acerca de este presunto, sino que pone en evidencia, la constante estigmatización en la que se encuentran las adicciones en nuestra sociedad, especialmente a las drogas, hecho que acompaña a una lucha contra las mismas con resultados mixtos (No necesariamente efectivos) teniendo como efecto una discriminación normalizada y por tal, excesiva pero por sobre todo oculta, la cual obnubila nuestra comprensión hacia las mismas y pone un bache en el camino al que debemos transitar para su erradicación como un problema que desde siempre ha golpeado a la sociedad moderna y posmoderna.

De la misma manera como estigmatizamos el consumo de las diversas sustancias psicoactivas que existen, poco saludables en efecto pero que son sin duda alguna, el indicador de una sociedad que navega entre los conflictos de la psique y la cultura, se estigmatizan las adicciones y estas, (lejos de catalogarlas como trastornos y mucho menos “enfermedades”, puesto que son a mi parecer, condiciones únicas en la mente humana) hacen parte de la complejidad de uno de los sistemas más sofisticados que existen en la naturaleza: las redes neuronales (Células nerviosas y sinapsis), las mismas que conforman nuestro cerebro y nos convierten es seres activos dentro de algo que solemos llamar existencia. En otras palabras, estigmatizar el consumo de drogas y las adicciones en general, es radicalizar las condiciones que afectan la salud mental de las personas, discriminarlas, segregarlas para finalmente aislarlas, condiciones que bajo esta dinámica terminan en el menosprecio, el castigo, la burla etc. por parte de una sociedad acostumbrada a mirar la superficialidad y atacar los problemas sin ninguna profundidad.

Una reconocida periodista ha citado a un psiquiatra (aunque no dice su nombre, pero es posible se trate de la doctora Marián Rojas Estapé) afirmando que las adicciones configuran nuestra forma de actuar y de vivir, sugiriendo que la presunta condición de consumo de drogas del presidente colombiano podría estar afectando en su forma de dirigir el país, que, para ella al parecer, ha sido desastrosa. Ella a su vez hace enfasis en ciertas conductas del presidente como sus ausencias, llegadas tardes, comentarios fuera de lugar etc. omitiendo que este supuesto “comportamiento errático”, puede verse tanto en personas sanas como pacientes psiquiátricos y no obedecen necesariamente a un problema de adicción a alguna sustancia. Hay personas que son consumidores habituales de diversas sustancias psicoactivas, sin que esto afecte en lo más mínimo sus actividades cotidianas y por, sobre todo, su responsabilidad frente a sus deberes y quehaceres laborales, como también hay pacientes medicados con fármacos como los inhibidores, ansiolíticos, estabilizadores etc. que podrían no presentar ninguna de estas conductas o comportamientos erráticos, salvo que interrumpieran el tratamiento. De manera que la periodista, sin darse cuenta, no solo está construyendo una narrativa engañosa y malintencionada en torno al presidente, sino que también, estigmatiza el consumo de sustancias en una sociedad que cada día más, recurre a las mismas como una estrategia de afrontamiento.

Inmediatamente se hacen las presunciones acerca de la adicción del presidente, aun cuando la periodista afirma que, dentro de este juicio a priori, se configuran las acciones de campaña de desprestigio hacia la gestión del presidente por parte de sus opositores. La carta (tanto de la señora periodista como del exministro) contradice esta preocupación, colocando de nuevo en boca de la oposición del presidente (que en muchos casos resulta ser engañosa y malintencionada) su presunta adicción a las drogas, llevando a muchos de sus más férreos detractores no solo a una poco saludable campaña de desprestigio hacia una persona, sino a la estigmatización de los consumidores de sustancias, valiéndose de lenguaje peyorativo y reduciendo el consumo de las drogas como si se tratara de un problema de cada quien y no una problemática inherente a una sociedad enferma, cuyos gobiernos siempre buscan lidiar con ella bajo una interminable y casi infructuosa lucha para evitar que lleguen a la gente, sin atacar el problema de raíz que entre tantos, prima el de no garantizar un estado de bienestar para las personas.

Cuando vemos personas burlarse peyorativamente del problema de adicción (cualquiera de ellas) o consumo de sustancias psicoactivas, estamos viendo el reflejo de una sociedad que aún con los grandes avances y conocimiento que tenemos sobre el cerebro humano y sus múltiples condiciones mentales únicas (a menudo llamados trastornos o enfermedades) sigue tomando a la ligera la salud mental de las personas y, por consiguiente, como ya se había mencionado, llevándonos a la discriminación injustificada y aislamiento de un sector considerado ciegamente como marginal, con consecuencias nefastas como lo que ha venido sucediendo recientemente en las ciudad de Medellín (Y otras ciudades), con el asesinato y desaparición de personas bajo estas condiciones. Es así que esta situación, es de nuevo un llamado para que todos los sectores de la sociedad comiencen a considerar la importancia de generar un cambio hacia la percepción y el tratamiento de las condiciones mentales de las personas.

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