miércoles, 30 de octubre de 2013

BOGOTÁ, POR UN TRANSPORTE DIGNO

 Finalmente el despertador sonó. Los números aparecieron puntuales ante mis ojos que aún se resistían a la pálida luz del cielo grisáceo. La temperatura era de unos 8 grados centígrados, con dificultad coloqué mis pies tibios sobre el frío piso dispuesto a darme la acogedora ducha caliente de cada mañana. Después de esto desayuné a la hora habitual y finalmente partí rumbo a las estaciones de “libre albedrío” donde con un poco de suerte tomaría el transporte que me lleva al trabajo. Es casi inevitable que durante este breve trayecto mi mente se inunde de muchos pensamientos, que poco tienen que ver con pensar, más bien casi que inconscientemente, estos abstracciones vacías tratan de distanciarme de la realidad, de ocultarla bajo una sonrisa sarcástica y disimulada, la realidad del día plúmbeo marginado a la crudeza de una jornada más en mi vida que tendré que alejarme de las cosas que más me gusta hacer, de los seres que amo y de la naturaleza espléndida que día a día me llama con su esplendor. Ya son casi las 8 de la mañana, mis pies tuvieron que soportar el peso de mi cuerpo durante casi 20 minutos mientras aparecía el primer bus que se compadeciera de llevarme. Cuando el conductor de dicho aparato ha abierto la puerta, subirme al mismo me ha resultado como aquel día en que por primera vez entramos a la escuela ¿Lo recuerdan? Dentro del bus hay un mundo diferente, hostil y completamente desconocido, cuando apenas he colocado mis pies sobre el metal de la carrocería interior me topé con una decena, o tal vez un centenar de rostros cuasi pétreos que miraban a la lejanía, otros por el contrario han clavado sus miradas frustradas en el mío como increpándome el por qué decidí subirme a tan atestado vehículo. Aclaro antes de seguir que estos pensamientos se me han ocurrido aquí mientras estoy en casa, bebiendo una taza de té caliente en agua y escuchando algo de música clásica, no allá afuera o adentro del bus o de cualquier otro lugar que se me antoje de igual manera hostil, indiferente e insoportablemente desierto, por estos lares los pensamientos solo transcurren como reacción a la mediocre cotidianidad, después de todo solo se pueden esperar pensamientos y sensaciones hostiles de un mundo por supuesto hostil. Son las 8, si bien finalmente he podido conseguir un lugar dentro del bus embardunado de gente, mis ideas oscilan entre si le doy el golpe de codo a quien se ha recostado detrás de mí o “mentarle la madre” al conductor por llenar tanto el bus y conducir como si dentro no llevará seres humanos sino mercancía barata. Bueno, después de todo somos mercancía porque a fin de cuentas nos vendemos a diario a un módico precio, risible en comparación de lo que vale nuestro tiempo y libertad. Ahora que menciono el tiempo llevo casi una hora de pie en el bus, devanando los pensamientos que me oponen frente a esta patética realidad y que su vez me enfrenta como una fiera a mis congéneres. ¿Tiempo? Para que más tiempo, de todas formas lo vamos perder frente a la caja boba, o navegando por el Facebook, bebiendo cerveza o cualquier otra actividad que signifique “matar el tiempo”, después de todo son cosas que deseamos hacer, cosas que aunque lo ignoremos son impelidas por la cruda realidad impuesta que yace allí, inerme e incuestionable, por que así de simples somos los seres humanos, nos encantan envolvernos en círculos viciosos y untarnos de lo que es cálido, pero el sol tan directo no lo soportamos. Entonces mientras escribía estas palabras me vi dentro de un bus, no porque fuera algo que anhelara hacer sino porque para mí es inevitable comparar el acontecimiento diario del transporte público capitalino soportablemente tedioso, con el rumbo que lleva esta sociedad. Resulta que he reflexionado acerca de nuestro derecho a recibir un trato justo y de tener mejores condiciones de vida conforme es a la dignidad humana. Entonces atisbé que mediante la tediosa aventura del viaje cotidiano hacia nuestros lugares de trabajo, es posible entender como va la sociedad a la que a día a día nos sometemos sin ningún juicio. Como está el transporte público en este preciso instante en que escribo, aquí en Bogotá sabemos o no por qué debemos viajar en buses tan atestados, tan inseguros y peligrosos, en otras palabras, medios que atentan con nuestra dignidad humana. Vuelvo a la rutina de viajar dentro de un bus abarrotado de gente, esta vez de camino a casa una mujer de tal vez cuarenta años me ha comentado que al intentar subir a uno de los buses el conductor le ha cerrado la puerta aprisionándole el brazo causándole una leve pero dolorosa contusión, bueno lo que sucedió es que ante tal inconveniente nadie quiso socorrer a aquella mujer que no era muy alta ni tampoco muy fuerte y entonces se vio obligada a salir por sus propios medios de la situación. La señora me contó que finalmente logró zafarse del bus y el conductor siguió adelante como si nada hubiera sucedido. Cualquiera diría que el conductor simplemente es un “mierda”, una persona desconsiderada a la que solo le importa su bienestar pero resulta que este conductor es padre de familia y bajo ningún a circunstancia debería permitirse obrar de tal manera. Lo que sucede es que a él como a la gran mayoría de nosotros los que trabajamos, se nos somete constantemente a situaciones que nos hacen comportar indebidamente, al chofer solo le interesa el dinero que ganará cuanto más rápido conduzca y más pasajeros lleve, obviamente a él no le preocupan tanto los pasajeros sino su cuantía. La situación penosa que a diario aguantamos los capitalinos se debe a que el propietario del bus quien es dueño de una gran flota de vehículos, le resulta más beneficioso enviar pocos buses para que los conductores llenen de una forma indigna y nociva sus vehículos y así emplear un menor coste (para mayores utilidades). Bueno, después de todo en la mente de este tirano yace la vieja idea de A. Smith que entre más se acumule capital, más bienestar generará en la sociedad. Así es nuestra sociedad, alguien de muy arriba coloca los medios y otro de mucho más abajo nos conduce sin importarles quienes somos, mientras unos descansan cómodamente en las sillas, otros no tan descansados y algunos menos afortunados tienen que ubicarse en el peor de los lugares, un hombre que ha sido programado por un estamento burgués nos conduce a través la vida y en situaciones menos afortunadas, hacia la nada. Cuando un conductor lleva de muy mala manera su vehículo por lo general las personas no se manifiestan más que con quejas entre los dientes peros se ha demostrado que cuando una persona pone el grito en el cielo, las demás tienden a seguirla. Por ese lado se podría decir que nada está perdido. Un bus como una sociedad se divide en estratos, por debajo yacen aquellos que están guindados en la puerta, sienten el recio frio de la ciudad y arriesgan sus vidas, un poco más arriba encontramos a aquellos que se lograron un cupo agarrándose del asa y más arriba, los que yacen cómodos en sus sillas. Estos últimos suelen ser indiferentes, por lo general distantes ante la penosa situación ajena, a ellos se les facilita realizar diversas actividades como dialogar por teléfono, leer algún libro, realizar un reporte, incluso divertirse. A los que lograron agarrarse del asa se les dificulta estas actividades y siempre están propensos a molestos roces con los demás, ellos como los otros que van de pie aguardan ansiosos a la espera de un lugar en la silla. Finalmente los que están colgados del bus, solo les queda preocuparse por sus vidas aunque claro está, algunos les gustará sentir el aire en sus cabezas, cuando el bus viaja a gran velocidad. Son cerca de la 8:30, los que entraban a sus labores a las 8 de la mañana le increpan al conductor por su tardanza no obstante de que a diario el tráfico de la ciudad no avanza mucho, no obstante de que a veces llegamos tarde solo porque seguimos un tanto dormidos. En el bus se ha subido una mujer de edad madura con un niño que al parecer es su nieto, también se lo han hecho otros ancianos pero nadie se ha tomado la molestia de cederle su silla ni al anciano, ni a la mujer, ni al niño pequeño. Nos hacemos los dormidos, o somos demasiados cínicos para ser indiferentes. Afuera se ven los autos en las avenidas luchando encarnizadamente por adelantar al otro, algunos hasta llegaron a chocar y entonces fue allí donde la sociedad se detuvo, un trancón monumental ahora se extiende como una larga culebra metálica a lo largo de la infestada avenida, la verdad de la pésima movilidad en nuestras ciudades se debe a gran parte que muchas personas van solas en sus autos. Un coche promedio ocupa casi la mitad de espacio que un bus del transporte público, pero el coche por lo general lleva a un pasajero, el bus puede albergar hasta 120. Si esta tendencia de hacernos a un coche aumenta, la sociedad se irá al descalabro. Hoy todos sabemos que llegaremos tarde a sus trabajos, pero allá tampoco se siente libres, el trabajo es de por sí un lugar hostil solo que allí se nos otorga cierto poder y algo podemos controlar de esta sociedad. El “libre albedrío” en las mañanas nos permite elegir, solo que las opciones son pocas y nada buenas. Es así que a diario tratamos de seguir un camino, pero sobre el camino que otros han edificado, la razón por la cual yo exijo un transporte digno para esta sociedad, es para hacer un poco más grato nuestro día a día y distanciarnos un poco del tedio de vendernos como mercancía y ser tratados como tal. En el relato “La Autopista del Sur” del genial Julio Cortázar ya se desglosaba la idea de una sociedad estancada por el progreso, una pregunta que nos cuestiona ¿Hacía donde va la sociedad si va solo por una autopista? Actualmente el SITP (Sistema integrado de transporte) se augura como el futuro de nuestra movilidad, pero igual seguirá siendo un negocio en manos de burgueses sin rostro, ahora somos la mercancía más organizada, se acabó la era en la que podíamos negociar con el conductor el monto del pasaje, ¡Ahora tenemos que pagar con tarjeta! Ya no hay más descuento. La sociedad se vuelve cada día más plástica y como tal nos parecemos más a envases. La espera es larga, el bus no llega, pero llegará, a las 8:00 estaré en el trabajo, me tomaré una taza de café caliente y con eso tendré para el resto del día.

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